Excélsior, 18 de enero de 2016

De acuerdo con el Informe de OXFAM-México sobre la desigualdad extrema, mientras el PIB per cápita crece a menos del 1% anual, la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco. Asimismo, se documenta que “al 1% más rico le corresponde 21% de los ingresos totales de la nación (…) y el Global Wealth Report 2014 señala, por su parte, que 10% más rico de México concentra 64.4% de toda la riqueza del país”. El 10º de los Objetivos del Desarrollo Sostenible plantea reducir las inequidades. En su declaración oficial al respecto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo sostiene: “Es sabido que la desigualdad está en aumento y que 10% más rico de la población se queda hasta con 40% del ingreso mundial total. A su vez, 10% más pobre obtiene sólo entre 2% y 7% del ingreso total”.

Lo anterior sólo puede ser explicado si se asume que las relaciones de poder económico y político son abismalmente asimétricas, tanto entre los países como al propio interior de los Estados nacionales.

Habría, pues dos rutas posibles para la reducción de la pobreza. En la primera de ellas, los súper ricos y los ricos aceptan avanzar en conjunto con las autoridades nacionales, y se construyen pactos por la equidad que permitan una distribución de la riqueza distinta a la vigente.

Estudios como el de OXFAM-México sostienen que la desigualdad ralentiza el crecimiento económico, y que podríamos ser hasta 10% más ricos, si hubiese una distribución equitativa de los ingresos.

En esta ruta, la pregunta a resolver es ¿cuánto estarían dispuestos a ceder los ricos? Es decir, ¿hasta qué porcentaje de las ganancias que hoy obtienen estarían dispuestos a renunciar en aras de una sociedad con mayor bienestar? Quienes proponen un escenario así asumen que el incentivo se encuentra en que lo que perderían en el corto plazo sería recuperable en el largo, pues sus ganancias, al haber mayor consumo, tendrían una tendencia creciente o al menos sostenida.

La segunda ruta es la del fortalecimiento del Estado. En esta lógica de plantear la problemática se asume implícitamente que Octavio Paz tenía razón cuando alertaba que había (desde la década de los 90 del siglo pasado), un intento por usurpar a los principales espacios de decisión del Estado en aras de la defensa de intereses particulares.

Si esto es así, entonces la única vía es la verdadera democratización institucional del país, para lo cual se requiere potenciar aceleradamente a la ciudadanía para lograr un acceso equitativo a los cargos de representación popular, de impartición de justicia y de ejercicio del gobierno, a fin de establecer las medidas necesarias para: a) regular a los mercados; b) diseñar políticas fiscales progresivas; c) re-equilibrar los criterios de programación y presupuestación; d) elevar sustantivamente la calidad de los servicios públicos -hoy por demás precarios-; y e) reconstituir instituciones con capacidades redistributivas, como lo fue durante algunas décadas la seguridad social.

En esta segunda ruta puede plantearse la misma pregunta: ¿cuánto es deseable reducir la desigualdad? La respuesta que puede plantearse es un tanto “a la inversa”; es decir, lo que en un Estado socialmente orientado debería lograrse es que el mandato constitucional, relativo al cumplimiento universal de los derechos humanos, sea una realidad vigente en todo el territorio nacional.

Lo anterior revela lo inviable de las estructuras económicas y políticas vigentes, pues es un hecho que en buena medida detrás de la violencia, la pobreza, la discriminación, la corrupción y la impunidad, se encuentran las asimétricas relaciones de poder que privan en el país.

El país vive atrapado en una perversa lógica a través de la cual hemos llegado a la paradoja de que el Estado es uno de los principales motores y también generador en sí mismo de la desigualdad, y eso es lo que urge transformar.

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http://marioluisfuentes.org/wp-content/uploads/2016/01/18.pnghttp://marioluisfuentes.org/wp-content/uploads/2016/01/18-150x150.pngMario Luis FuentesExcélsiorExcélsior, 18 de enero de 2016 De acuerdo con el Informe de OXFAM-México sobre la desigualdad extrema, mientras el PIB per cápita crece a menos del 1% anual, la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco. Asimismo, se documenta que “al 1% más rico le corresponde 21%...Integrante de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México; Coordinador de la Especialización en Desarrollo Social del Posgrado de la Facultad de Economía; Investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED), y Titular de la Cátedra Extraordinaria "Trata de Personas" de la UNAM. Director General del CEIDAS, AC; Director de la Revista México Social, y Conductor del programa México Social, que se transmite todos los martes a las 10  pm por Canal Once.