La importancia de trabajar, lo sabían autores como Hegel, Rousseau y Marx, se encuentra en la posibilidad de tener recursos suficientes para la subsistencia, pero, sobre todo, en la posibilidad de dedicarse a una actividad gratificante emocional y espiritualmente; es decir, la relevancia del trabajo humano es que puede y debe ser liberador de las personas. 

 

Lo que hoy tenemos es la antítesis de tal condición: en nuestras sociedades hay trabajo esclavo, en el peor de los escenarios; y también trabajo explotado, jornadas extenuantes y deshumanizadoras, porque se trata de empleos esclavizantes, no sólo por los niveles salariales y la precariedad en la posición laboral, sino por su carácter mecánico, monótono, enajenante.

No debe olvidarse, en este tema, las raíces históricas de movimientos revolucionarios que exigieron la reivindicación de los derechos laborales; en nuestro país, el germen del movimiento armado de 1910 se encuentra precisamente en la exigencia de los hermanos Flores Magón, de construir una sociedad en la que los trabajadores pudieran tener un trato justo y digno.

Nuestra Constitución Política establece, por ello, el mandato relativo a que el salario debe ser auténticamente remunerador: suficiente para que las familias accedan a los bienes y satisfactores necesarios para realizar lo que hoy, en código de “desarrollo humano”, se denomina como la “libertad de agencia”, esto es, estar en posibilidad de vivir como se quiere vivir.

De acuerdo con los datos del Coneval, en 2014, 60% de la población nacional se encontraba en vulnerabilidad por carencia de seguridad social; cuando precisamente una de las aspiraciones mayores en el siglo XX fue la de contar con sistemas robustos de protección que garantizaran el principio de la solidaridad social.

Lo anterior significaba la existencia de un Estado dispuesto a diseñar mecanismos de redistribución justa del ingreso; y por ello la seguridad fue concebida justamente como el principal instrumento de inclusión y de protección para la clase trabajadora.

Hay quienes sostienen que un sistema robusto de seguridad social es financieramente inviable. Y piensan así, porque asumen supuestos y principios que se concretan en un modelo de crecimiento económico despiadado, en el que lo relevante es garantizar propiedad y acumulación al gran capital.

En esa lógica, la categoría propuesta por la OIT, relativa al trabajo digno, como aquel que es remunerador y garantiza acceso a prestaciones económicas y sociales, debería ser asumido en todas sus consecuencias y llevarlo al nivel de la subjetividad; es decir, el trabajo digno sería efectivamente eso, pero, al mismo tiempo, un trabajo que le permite a las personas sentirse plenas y realizadas.

El trabajo debería entenderse entonces como uno de los principales instrumentos para la garantía de la libertad; porque vivir como se quiere vivir implica también hacer lo que se quiere hacer, y no únicamente estar disponible para las no siempre nobles “necesidades y exigencias del mercado”.

Olvidamos que el trabajo humaniza; y en buena lógica, resulta imposible que percibiendo salarios que, como lo documenta el Coneval, tienen promedios nacionales por debajo de la línea del bienestar, México pueda ser un país en el que el bienestar y los derechos humanos sean una realidad.

Crear empleos dignos exige un modelo de desarrollo para la inclusión; un proceso de crecimiento económico que dinamice el mercado interno; que cierre las brechas regionales, inter e intra estatales, que garantice salario igual a trabajo igual; que dé acceso a la seguridad social y que ponga en el centro de todas las decisiones públicas, como lo propusieron Sen y Kliksberg, primero a la gente.

No podemos seguir siendo un país en el que prácticamente 60% de la población percibe menos de dos salarios mínimos al día, es decir, viven en pobreza; y en el que, simultáneamente, cuatro personas concentran el equivalente al 9% del PIB nacional.

Requerimos una economía sustentada en la ética y, con ello, volver a crear empleos, no sólo de calidad por ingresos y prestaciones, sino realmente liberadores y humanizadores.

@MarioLFuentes1
Investigador del PUED-UNAM

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