La madrugada del pasado sábado, una turba en un pequeño poblado de Chiapas linchó a tres presuntos delincuentes. De acuerdo con los reportes de prensa, literalmente, la turba arrebató a los presuntos ladrones de la mano de la policía y los golpeó hasta darles muerte para, finalmente, prenderles fuego.

Este terrible evento ni es fortuito ni aislado, por el contrario, de manera preocupante cada vez es más común ver en los noticiarios más notas de este tipo, que revelan no sólo el extendido malestar social existente, sino la capacidad de maldad que existe en la sociedad, la cual puede convertirse en homicida frente a la oprobiosa realidad de la desprotección institucional.

Todos los días, hay cientos de miles de personas que están siendo extorsionadas; todos los días, también, hay decenas de miles de comercios que tienen que pagar “derecho de piso” a las bandas del crimen organizado y todos los días la mayoría de las familias se pregunta si les tocará el turno de ser víctimas de la delincuencia en el transporte público, en la calle o en sus propias casas.

Desde hace 30 años nuestra economía no crece; una de cada cuatro personas que trabaja lo hace por más de 48 horas a la semana; únicamente el 6.7% de la población ocupada logra salarios por arriba de los cinco salarios mínimos y, en general, el Inegi caracteriza a nuestro mercado laboral como predominantemente informal.

La cuestión es que vivimos en una profunda y permanente precariedad en todas las esferas de la vida cotidiana y, en este contexto, hoy enfrentamos, además, la agresión de un gobierno extranjero y un nivel de amenaza que no se había visto desde la última intervención norteamericana en el Puerto de Veracruz, en 1914.

Ante tal escenario es indispensable edificar un acelerado proceso de reconstrucción de nuestra identidad y unidad nacional, sin embargo, la pregunta obligada es: ¿En torno a qué podemos cohesionarnos? ¿Unidad en torno a quién?

La cuestión es mayor: ¿Cómo convocar a la unidad cuando los homicidios, los secuestros, las desapariciones forzadas, la pobreza, la desigualdad y el rezago social son las características esenciales que definen la realidad de todos los días para la mayoría de la población?

A pesar de ello también existen ejemplos y eventos que nos permiten vislumbrar que podemos salir adelante y superar nuestras adversidades, por ejemplo, cada vez es más común tener noticias de jóvenes que tienen importantes éxitos en concursos científicos y tecnológicos internacionales.

Sabemos, también, de manera cotidiana, que hay científicos, artistas e intelectuales mexicanos que son reconocidos por su trabajo a nivel internacional, y en la misma lógica, en el interior del país, cotidianamente hay millones de personas que están dedicadas a dar lo mejor de sí, actuando esforzadamente para sacar adelante a sus familias.

Es en esa gente en la que debemos centrar nuestras esperanzas, pero también los mayores esfuerzos del Estado para lograr que sean las historias de superación, y no las de la violencia y la maldad, las que llenen las planas y los principales espacios noticiosos.

Aun con ello, ¿por dónde empezar? Sin duda, es factible iniciar encontrando y promoviendo todo aquello que nos identifica como parte del gran imaginario que es México, lo cual implicaría, en primer lugar, inundar de cultura al país; deberíamos estar creando orquestas sinfónicas juveniles, construyendo y rehabilitando teatros, así como financiando decididamente escuelas de arte e iniciación artística desde la niñez.

Nuestro país tiene la historia y la potencia cultural suficientes para anclar en ellas una nueva lógica de cohesión social. Sin embargo, esta noción implica una profunda conciencia histórica en las élites dirigentes, porque una sociedad volcada sobre el arte y la cultura requiere de un esfuerzo institucional y presupuestal mayúsculo, en la convicción de que la prioridad de la inversión pública se encuentra en el fortalecimiento espiritual de la población, lo cual implica una generosidad y sentido de patria, que en muchos sectores se extrañan.

Investigador del PUED-UNAM

Twitter: @mariolfuentes1

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