Excélsior, 21 de marzo de 2016

La semana pasada ha sido una de las más complejas para la Ciudad de México y en general para la ya considerada megalópolis del Valle de México. Hacía dos décadas que no se declaraba la “contingencia ambiental”, debido a la mala calidad del aire. Se trata de un asunto de suma gravedad que nos debe situar en una reflexión social, política y económica apegada a la prudencia, y que permita hacer un balance sobre cómo vamos respecto de las metas y compromisos que se asumieron ante las metas del desarrollo sustentable, pero también en el marco de las diferentes “rondas” de negociaciones respecto del cambio climático y los perniciosos efectos de las actividades humanas en el equilibrio medioambiental.

Debe entenderse que llegar a los niveles de contaminación ambiental en que nos situamos, no puede entenderse fuera del contexto del modelo de desarrollo asumido. De acuerdo con los datos de la OCDE, el nuestro es el sexto país con peor calidad del aire, entre los socios del organismo.

Somos, también, el tercer país con peores indicadores en lo que respecta al porcentaje de personas que se dicen insatisfechas con la calidad del agua que consumen; y en general, el tercer país con peores niveles de satisfacción, pero también con muy bajos indicadores relativos a la calidad del medio ambiente y su cuidado.

El tema del consumo está vinculado a dos cuestiones centrales: la primera es relativa a qué consumimos y cuál es el impacto general que se tiene con ese consumo. Por ejemplo, si una persona o una familia decide o no tiene más opción que optar por comida chatarra, bebidas embotelladas, o alimentos enlatados o empaquetados, su contribución a la destrucción del medio ambiente es mayor que la de quienes deciden o tienen la opción de decidirse por modelos de consumo basados en productos, si no orgánicos, sí disponibles sin requerir ser procesados o empaquetados.

La segunda es cuánto consumimos, pues a pesar de que somos un país en el que la mayoría tiene ingresos muy bajos, lo cierto es que los deciles de mayores ingresos, los ricos y los superricos, siguen patrones irracionales. En ese extremo se encuentra el caso del luxury market, o las llamadas mercaderías de lujo, el cual asciende, en América Latina, a cerca de 50 mil millones de dólares anuales; y según los cálculos de los analistas especializados en el tema, podría llegar en el 2020 a cerca de 90 mil millones de dólares.

Ya no cabe, pues el argumento de las clases medias o adineradas que reza: “No tengo por qué reducir mi gasto, pues no soy responsable directo de las privaciones ajenas”. Aquí la cuestión es que si se elevara el ingreso de la población mundial, al promedio estadunidense, no existiría la biomasa disponible para sostener tal nivel de producción, distribución y consumo.

Las 12 mil toneladas diarias de basura que se generan en la Ciudad de México son reflejo de una sociedad que apostó por un absurdo modelo de crecimiento que tiene como sustrato un modelo de organización social basado en la más absurda lógica consumista.

Nos hemos convertido en una sociedad pretenciosa, en donde todo está centrado en el núcleo egoísta que se configura en el caso de que cada uno de nosotros somos. Cada año crece el número de personas por hiperalimentación; y no se percibe lejano el día en que las enfermedades hipertensivas y la diabetes rebasen las cien mil defunciones anuales.

No son pocos los filósofos que nos llaman constantemente a reflexionar en torno a la urgencia de una nueva ética de consumo; a romper con el ciclo fáustico del desarrollismo que asume que para “crecer y progresar”, es necesario primero destruir y avasallar. Otro modelo de consumo es posible. La pregunta que queda en el aire es si ya comprendimos que se nos agotó el tiempo para comenzar a construirla.

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http://marioluisfuentes.org/wp-content/uploads/2016/03/21.jpghttp://marioluisfuentes.org/wp-content/uploads/2016/03/21-150x150.jpgMario Luis FuentesExcélsiorExcélsior, 21 de marzo de 2016 La semana pasada ha sido una de las más complejas para la Ciudad de México y en general para la ya considerada megalópolis del Valle de México. Hacía dos décadas que no se declaraba la “contingencia ambiental”, debido a la mala calidad del aire....Integrante de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México; Coordinador de la Especialización en Desarrollo Social del Posgrado de la Facultad de Economía; Investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED), y Titular de la Cátedra Extraordinaria "Trata de Personas" de la UNAM. Director General del CEIDAS, AC; Director de la Revista México Social, y Conductor del programa México Social, que se transmite todos los martes a las 10  pm por Canal Once.