El populismo, no debe olvidarse, se practica en todos los espectros de la política. Tanto en las “derechas” como en las “izquierdas” la fórmula es la misma: reducir el lenguaje a propuestas simplonas, dirigidas a lo que una mayoría poco comprometida con los derechos humanos quiere oír y, por otra parte, pactar con intereses fácticos la distribución del poder y de espacios de decisión estratégicos.

 

El populismo, concepto ambiguo, se asume aquí en el sentido del uso de la demagogia como principal instrumento del discurso político, en contraposición de lo que se entiende en otras latitudes, es decir, se asume que una postura “populista (populism, en inglés) es sinónimo de compromiso con la igualdad y la justicia social.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos de América tiene que ver con eso, pero lo peligroso es siempre, en este y otros casos, que una vez al mando están dispuestos a llevar hasta sus últimas consecuencias sus disparates y balandronadas.

Así ha ocurrido en el corto mandato de Trump: ha puesto al mundo ante la posibilidad de una hecatombe nuclear, ha puesto al borde de la fractura a miles de familias porque alguno o varios de sus integrantes pueden ser deportados a sus países de origen. Ha protegido a la Asociación Nacional del Rifle, mientras las balas retumban matando a miles, con el caso más dramático en la reciente masacre en Las Vegas.

En ambos casos, en el populismo de derecha y de izquierda, se plantea que no se cobrarán más impuestos o que habrán de reducirse, se dice que todos los problemas sociales se resolverán combatiendo a la corrupción. Se propone mano dura contra la delincuencia y se criminaliza a los pobres diciendo que se delinque porque se carece de recursos.

Para los populismos el tema de la desigualdad no es agenda, y las medidas para resolver la pobreza se reducen, por un lado, a ampliar los programas sociales existentes, y por el otro, se argumenta que se privilegiará la creación de empleos vía la ampliación de los privilegios al sector productivo, dándoles incentivos fiscales y regalando terrenos y exenciones de pago de predial, agua y otros servicios y derechos municipales.

Regresando al caso Trump, esta semana emitió un decreto mediante el cual se autoriza a entidades privadas o aseguradoras limitar el acceso a métodos de prevención del embarazo, por motivos religiosos o morales. En la misma ruta, en varios estados de la República mexicana, se ha llevado a cabo una involución en materia de derechos humanos, particularmente, en el ámbito de los derechos sexuales y reproductivos. En efecto, se han promulgado reformas constitucionales para prohibir la interrupción voluntaria del embarazo, se ha pretendido limitar el derecho de las personas del mismo sexo a contraer matrimonio y se ha buscado, por todos los medios, limitar el acceso a métodos de anticoncepción, aún frente al enorme problema que enfrentamos en materia de embarazo adolescente.

De cara a la elección presidencial del 2018, la ciudadanía debe ser capaz de exigir a las y los candidatos definiciones claras sobre sus posiciones morales, y sobre cuáles serán sus propuestas legislativas y de política pública; pues es mucho lo ganado, y por lo cual debemos estar alertas ante cualquier intento de reducir el marco de protección de los derechos humanos plasmado en el texto constitucional.

Lo que debe advertirse es que el pensamiento conservador no tiene ideología política, que ha tenido la habilidad y el pragmatismo político para tener acérrimos representantes en todos los partidos políticos, desde los cuales actúan con plena intolerancia, haciendo gala de sus más profundas convicciones racistas, clasistas y en general, discriminatorias.

Lo que la ciudadanía debe ser capaz de hacer es generar importantes costos políticos a esas posiciones; y evitar a toda costa, que el conservadurismo continúe su peligroso avance; en ello nos jugamos nada menos que nuestras libertades.

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http://marioluisfuentes.org/wp-content/uploads/2017/10/partidos1POLITICOS.jpghttp://marioluisfuentes.org/wp-content/uploads/2017/10/partidos1POLITICOS-150x150.jpgMario Luis FuentesExcélsior  El populismo, no debe olvidarse, se practica en todos los espectros de la política. Tanto en las “derechas” como en las “izquierdas” la fórmula es la misma: reducir el lenguaje a propuestas simplonas, dirigidas a lo que una mayoría poco comprometida con los derechos humanos quiere oír y, por...Integrante de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México; Coordinador de la Especialización en Desarrollo Social del Posgrado de la Facultad de Economía; Investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED), y Titular de la Cátedra Extraordinaria "Trata de Personas" de la UNAM. Director General del CEIDAS, AC; Director de la Revista México Social, y Conductor del programa México Social, que se transmite todos los martes a las 10  pm por Canal Once.