Entre los años de 1998 y 2018, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), fueron asesinadas 690 niñas menores de un año; las causas son atroces: golpes, ahorcamiento, ahogamientos, e incluso heridas por arma de fuego o punzo-cortantes.

NIÑAS ASESINADAS

En el mismo periodo, otras 1,548 niñas de 1 a 4 años fueron igualmente asesinadas; las causas de defunción fueron las mismas: ahorcamiento, ahogamientos, golpes y heridas por distintos tipos de armas.

En el grupo de niñas de 5 a 9 años la cifra es de 1,072 niñas asesinadas por el mismo catálogo de métodos monstruosos. Otras 1,216 niñas de 10 a 14 años tuvieron el mismo fin: alguien decidió cortarles la vida ahorcándolas, ahogándolas, golpeándolas o hiriéndolas con algún tipo de armas u “otros objetos”; es decir, martillos, desarmadores, piedras, etcétera.

El dato relativo a las adolescentes asesinadas, cuando tenían entre 15 y 19 años de edad es exponencialmente mayor: 26,244 casos de homicidio intencional, en los que el tipo de violencia ejercida desconcierta y asombra por su abierta intención de dañar e incluso de humillar.

De enero a junio del 2019 el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública cuenta con 25,277 casos registrados por delitos contra la libertad y la seguridad sexual (violación simple y equiparada, hostigamiento y acoso sexual, abuso sexual, incesto y otros crímenes), pero también más de 115 mil casos de delitos contra la familia.

¡QUE SE ROMPAN TODAS LAS VENTANAS!

Ante tales niveles de violencia machista, lo que habría que decir es ¡que se rompan todas las ventanas! Nos encontramos exige una crítica radical hasta que no haya una sola niña asesinada, víctima de la violencia sexual o del maltrato físico, y cuando todas las mujeres puedan caminar por la calle sin el temor de ser acosadas, tocadas o abusadas.

Hasta que haya igualdad laboral y salarial y exista justicia -social y todas las demás- para todas y todos en condiciones de igualdad.

Se leen en redes sociales carteles donde se pregunta: ¿y si fuera tu hija, tu hermana, tu madre? No tenemos que esperar a que sea alguna de ellas; porque si lo hacemos estaríamos siendo cómplices de todo lo que no debe ser: la normalización egoísta de la violencia.

No debemos esperar hasta que la violencia aparezca antes nuestras puertas. Hay que actuar ya, ahora que estamos vivas y vivos porque de nada servirá darle más tiempo a los violentos.

MUJERES DISPUESTAS A EXIGIR IGUALDAD

Vivimos en una generación de mujeres dispuestas a exigir que el derecho a la igualdad tenga una realización concreta; que todo lo que se ha logrado inscribir en la Constitución y sus leyes sea materializado de manera efectiva.

Desde hace décadas hay quienes han trabajado intensamente por construir nuevas masculinidades; por cimentar nuevas formas de relación igualitaria entre mujeres y hombres, y construir instituciones que promuevan y busquen la erradicación de la discriminación y los estereotipos de género.

A ello debemos seguir abonando, porque esta es una lucha que se debe extender y llevar hasta sus últimas consecuencias, en el sentido de que un nuevo Estado de bienestar sólo será posible si las mujeres y hombres tenemos las mismas oportunidades y el acceso a los mismo derechos.

No debe darse ni un paso atrás. No debemos permitir que haya más feminicidios, más agresiones sádicas, más abusos en las calles y el transporte público; no debemos dejar que una calle oscura sea la posible tumba de una niña o mujer que no tiene más alternativa que pasar por ella.

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